
Nuestro trabajo nace de la experiencia cotidiana de las personas migrantes y refugiadas en Melilla, marcada en muchas ocasiones por el racismo institucional, las barreras administrativas y las vulneraciones de derechos.
Acompañamos a personas migrantes desde una mirada interseccional que reconoce cómo se cruzan el género, el origen, la clase, la situación administrativa, capacidad y orientación sexual (entre muchos otros ejes).
Desarrollamos procesos de acompañamiento sociojurídico, creación de espacios seguros, formación y documentación de violencias, combinando la atención directa con acciones de incidencia. No partimos de soluciones ideales, sino del análisis crítico de los límites, contradicciones y dificultades que atraviesan el trabajo en frontera.
Trabajamos en coordinación con redes y colectivos locales, estatales y europeos, apostando por relaciones horizontales, el aprendizaje mutuo y el cuidado, también hacia dentro. Entendemos el trabajo colectivo como una construcción constante, atravesada por tensiones, revisiones y ajustes.
Nuestro objetivo no es representar a nadie, sino contribuir, desde nuestra posición, a fortalecer procesos de defensa de derechos, autonomía y organización frente a un sistema que produce y reproduce lógicas de exclusión, vulneraciones y desigualdad.


