Reflexiones en Grecia


Mientras estaba sentada en el balcón del piso de voluntarixs, un amigo me envió un mensaje. Habíamos estado hablando de nuestros viajes, y le había dicho que yo estaba como voluntaria en Patras. Su mensaje decía: "¡Estoy seguro de que has conocido a gente increíble!" Sinceramente, yo no sabía qué responderle.


¿Increíble? ¿Increíble qué: increíble resiliencia, increíble orgullo, increíble valentía? ¿Increíble inconsciencia de su propia seguridad, increíble esperanza e increíble voluntad, increíble ignorancia por desconocimiento o increíble ignorancia a propósito? ¿Increíble compasión, increíble engaño, increíble falta de preparación?


Había conocido a algunas personas increíbles, la mayoría de las cuales eran chavales perdidos, que visitaban a enfermerxs con solo tener un simple rasguño, sin una razón de peso. Únicamente querían sentir que se preocupaban por ellos, y se aferraban a quien les mostraba compasión, para así sentirse físicamente queridos y cuidados.


Pasábamos horas en el parque por las tardes. Me ayudaban a practicar pastún mientras yo les ayudaba con su inglés; intentaban enseñarme bailes afganos mientras nosotrxs les enseñábamos La Macarena, seguida del Cha Cha Slide - ninguno de ellos con éxito. Nos divertíamos con juegos, nos reíamos y discutíamos, estábamos alerta por si aparecía la policía o había problemas, y repetidamente rechazábamos propuestas matrimoniales. Me preocupaba cuando salían corriendo para comenzar "the game", y me sentía decepcionada, pero a la vez aliviada, cuando regresaban a casa sanxs y salvxs.


Había conocido a unos hermanos: chicos por los que me preocupaba mucho y a quienes cogí mucho cariño. Me rompió el corazón tener que dejarlos en Patras. A uno de ellos le volví a ver en Serbia un año después, y me volvió a romper el corazón tener que dejarle ahí. Lloré durante tres días cuando me iba de Patras. Después lloré aún más cuando me di cuenta de lo afortunada que era simplemente por poder irme a casa, mientras ellos seguían atrapados ahí, poniendo sus vidas en peligro para cruzar esas mismas fronteras que yo estaba desesperada por no cruzar.


Mi tiempo en Patras fue raro, intenso, conmovedor, pero también realmente divertido, increíble y (casi) totalmente lleno de amor. Deseaba, y todavía deseo, con toda mi alma, que estos chicos encuentren lo que buscan. Espero que su viaje tenga un buen destino y que su lucha merezca la pena. Optimismo y esperanza es lo que les mantiene vivos ahora mismo.


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