PRESOS DEL TIEMPO

LA OTRA CARA DEL SIGNIFICADO DE VIDA Y LIBERTAD.


Finalizando el paseo de la avenida Duquesa de la Victoria, se levantaba frente al antiguo hospital de la Cruz Roja, en 2014, un titán preso del tiempo: Cronos (Saturno).


Según la mitología, este titán fue uno de los descendientes divinos de Gea (la tierra) y de Urano (el cielo). Éste, tras derrotar a su padre, gobernó durante la denominada época dorada, donde no existían las leyes ni eran necesarias las reglas.


Ante el temor de ser derrotado por sus propios hijos y que se repitiera lo mismo que sucediera con él y su padre, Cronos se tragaba a sus hijos nada más nacer. Rea, cansada de ver morir a sus hijos, dio a luz en secreto a Zeus, dejándolo al cuidado de una cabra en la isla de Creta.


El tiempo pasó, y existen múltiples versiones que narran como ese niño se convirtió en el dios que terminaría venciendo a su padre y conseguiría liberar a sus hermanos de las entrañas del gran titán. La versión más escuchada sobre el destino final de Cronos es la que nos cuenta que el titán está encerrado en el Tártaro con los demás titanes.


Griegos, Fenicios y Romanos mencionaron a Cronos en sus mitos y leyendas, y precisamente son estos últimos los que le dieron más importancia, convirtiendo a este titán en el dios del tiempo humano, capaz de controlar las distintas estaciones y cosechas, poseyendo con sus manos el control del tiempo desde su prisión.


Es curioso como también hace referencia a la imposibilidad o impedimento de dar inicio a algo o de continuar un camino, al igual que ocurría cuando cortaba el ciclo de la vida devorando a sus hijos. Ese miedo, ese temor, esa constante obsesión por el tiempo, aún continúa entre nosotros en sus distintas formas, y tal como esa ansiedad que reinaba en la cabeza de cronos, aún hoy día sigue presente en la cabeza de los extranjeros que llegan Melilla.


La estatua de bronce de casi cinco metros de altura, es “una alegoría al TIEMPO, a la VIDA y a la LIBERTAD”.


Si nos situamos frente a ella, podemos ver a un anciano furioso, encadenado a dos relojes de sol (que sirven para calcular la hora durante el solsticio de invierno y de verano y viceversa) en la búsqueda desesperada de su liberación.


Los chicos de la calle, [más conocidos como MENAS (Menor Extranjero No Acompañado)], los niños del centro de menores La Purísima, del Centro Asistencial de Melilla (la Gota Leche), e incluso los que están o han pasado por el Baluarte (Centro de Menores Infractores), siempre mencionan y tienen presente el paso del tiempo:


El tiempo que llevan en Melilla, el tiempo que pasan encerrados, el tiempo que les ha tomado llegar hasta donde están, el tiempo que les queda para irse o el tiempo que llevan sin ver a sus familias. Siempre el tiempo, el maldito y eterno tiempo que los mantiene cautivos en la pequeña ciudad española situada en el norte africano que rodeada por una gran muralla azul los separa de su idea de libertad, de su idea de vida.


La estatua del gran titán nos recuerda de forma irónica la situación de estos jóvenes extranjeros, que, desde la edad más temprana, pasan a hacerse adultos (a veces demasiado pronto), deseando alcanzar esa libertad de la que tanto han oído hablar.


Una vez más, el sistema vuelve a fallar, sobre todo, cuando vemos como el tiempo, la vida y la libertad son un derecho para los que hemos tenido la suerte de nacer a este lado de la frontera y como otros, se ven privados de ellos por nacer al otro lado.

Pintadas en una pared en la ciudad de Melilla:


El muro de los lamentos.


Un deseo.


El recuerdo.


Un ser querido.


La presencia del tiempo.


Una forma de dejar huella.


Seguimos luchando para que algún día, sean dueños de su vida, de su libertad y de su tiempo. In shaa allah.


Texto y fotos: Mariem Bachir M.

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