Los amargos 18

Dice la Constitución Española que, en España, “se reconoce el derecho a la protección de la salud” y que “compete a los poderes públicos organizar y tutelar la salud pública a través de medidas preventivas y de las prestaciones y servicios necesarios” (art. 43). Sin embargo, una vez más vemos cómo la separación entre ciudadanos de primera y de segunda tiene implicaciones macabras en el contexto de Melilla.


Una persona de 17 años, tutelada por un centro de menores en esta ciudad no tiene la seguridad de que sus necesidades vayan a ser debidamente atendidas, no solo a nivel documental, como venimos denunciando desde hace meses, sino también a nivel médico. Los problemas identificados con respecto a la no tramitación de documentación se ven agravados en casos especialmente vulnerables derivados de problemas de salud específicos, enfermedades crónicas, necesidad de medicación continua, disfunciones, discapacidades mentales y/o físicas, etc.


La detección, derivación y tratamiento de estos casos no está siendo suficientemente adecuada en casos como el de Salah(*), quien padece una enfermedad hereditaria para la que necesita medicarse dos veces a la semana. Si esta medicación falla, puede tener complicaciones médicas que van desde la invalidez a la parálisis de órganos vitales y, por tanto, la muerte. Este era el horizonte que veía él, a una semana de cumplir los dieciocho años y sin que su documentación hubiera sido tramitada correctamente. Sin una Tarjeta de Identificación de Extranjeros (TIE) en vigor, no puede viajar a la Península y la ciudad de Melilla no cuenta con ningún recurso específico para este tipo de enfermedades.


Su caso debió haberse derivado a un centro especializado de otra provincia española mucho antes de cumplir los dieciocho, pero no se hizo, complicando así su tratamiento y seguimiento en Melilla, donde el desbordamiento de los centros y la falta de recursos especializados hace muy difícil la garantía de sus derechos básicos. Así, una vez mayor de edad, Salah se ha visto en situación de calle. Una calle que es violenta y peligrosa para todos, pero que es especialmente mortífera en una situación de desprotección y vulnerabilidad como la suya.


Como en otras ocasiones, hemos tenido que intervenir las asociaciones para cubrir una inactividad de las administraciones que dejaba en grave desamparo a una persona muy vulnerable. Por suerte, el trabajo en red de varias entidades ha permitido que Salah viaje a un recurso especializado para su situación, pero no podemos dejar de reivindicar las obligaciones de los entes tutelares de todos los menores no acompañados, quienes al cumplir la mayoría de edad, como regla general, se ven abandonados por parte de sus tutores legales, sin ninguna ayuda en cuanto a búsqueda de recursos de transición a la mayoría de edad. Si todos los chicos y chicas accedieran a la mayoría de edad con toda su documentación tramitada conforme a lo que establecen la ley y el reglamento de extranjería, y si las necesidades específicas de cada uno de ellos y ellas fuesen correctamente tenidos en cuenta, los dieciocho años de Salah no hubieran sido tan amargos, sino un momento de celebración, como es el cumpleaños de cualquier adolescente “con papeles”.


Para casos como el de Salah, es especialmente vital poder tener un vehículo para poder hacer los acompañamientos durante todo el proceso de regularizar la situación administrativa, así como para el acompañamiento al ferry antes de su viaje a península. Esto es algo necesario en la mayoría de los casos, pero aún más en casos de personas con dificultades de movilidad. Ahora mismo estamos buscando ayuda para recaudar los fondos de nuestro nuevo coche en Melilla. Si quieres ayudarnos contribuyendo o difundiendo hazlo a través de: https://donorbox.org/ruedas-para-solidary-wheels.


(*) Los datos personales y médicos de la persona han sido convenientemente alterados para preservar su privacidad y anonimato.


81 vistas